martes, 21 de mayo de 2013

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Hace poco veía un anime, donde la protagonista le hace una pregunta a una amiga: ¿Recuerdas cómo nos conocimos?. Pues bien, yo me hago la misma pregunta. No sé si tu recuerdes ese momento, pero yo sí, y recuerdo lo que ocurrió después, cada momento vivido, cada experiencia, cada lugar... Nunca pensé que alguien podría darme una nueva perspectiva de ver las cosas, de sacar mi lado sensible, de ser yo. 

Era el primer año. Nueva universidad, nueva carrera. Extrañaba demasiado a mis amigos de mi anterior universidad, con quienes pasé momentos geniales, con quienes comencé a conocer lo que era una buena amistad, sólo que contigo fue distinto, es lo que hace especial toda esta nueva aventura que relataré en estas líneas. Conocí amigos muy importantes para mí, todos significaron (y aún lo hacen) mucho en mi vida, pero contigo era distinto, ¿y sabes por qué? porque eras única, eras de esas chicas que una no tenía idea de que existían, tenías tu propia escencia, y eras la amiga que tanto tiempo aguardé.

En fin, la nueva universidad no me gustaba. Me sentía muy sola, me había juntado con las personas equivocadas, y lo peor es que era muy tímida y era como volver a la época del colegio, donde durante el transcurso del día sólo decía un promedio de 20 palabras.
Un día me cansé, decidí cambiarme de grupo, y me junté con personas que parecían buena gente. Sin embargo sentía que aún no encajaba, incluso sentía que me excluían, de nuevo.
Pero entonces te ví, estabas con tu grupo, y yo me sentía frustrada ya que nadie quería aceptarme como compañera de grupo en un trabajo que había que hacer. Fue cuando les pregunté si podía estar con ustedes. Me dijeron que sí, y me sentí aliviada por el momento. 
Recuerdo que me viste, y de forma curiosa dijiste que tenía que pasarte mi correo. Yo accedí sonriendo, aunque algo tímida aún, y luego me fuí. Aún me pregunto si lo del correo fue porque era necesario para contactarme para el trabajo grupal, o era porque querías conocerme más. No lo sé. pero tengo la certeza de que fue por lo segundo.

Aún tengo el correo, me dijiste que querías agregarme al grupo, y que les inventaste a los demás de que yo sí estaba dispuesta a hacer el trabajo. Salvaste mi pellejo, y aunque aparentemente parecía que ya había un poquito más de confianza para dirigirme a ti, al día siguiente tenía temor de hablarte. Ah... la timidez.
No sé por qué al comienzo me pareciste un poco más alta, pero eras todo lo contrario. Bajita, de tez morena, cabello negro y corto, ropa sencilla, zapatos sencillos, personalidad sencilla, buena gente. 

Relato esto con un nudo en la garganta y una nostalgia enorme, y aún me pregunto cómo es posible que las personas cambien tanto que al final, se vuelven desconocidas para nosotras. Si supieras cuánto has cambiado, si tan sólo reaccionaras y vieras que ese cambio no te da bien, que te volviste en lo que más odiabas.
 Pero bueno, seguiré contando los recuerdos que tengo de ti, o mejor dicho, de lo que eras antes.

Teníamos que hacer otro trabajo, ya estaba comenzando a hacer trabajos contigo, y con otro amigo que tenías, a quien apenas estaba conociendo y que con el tiempo se volvería un gran amigo para ambas. Era una tarde nublada y caminaba solitariamente por los alrededores de la universidad, fue cuando te vi con un muchacho, y no sé porque se me vino a la mente la idea de que era tu enamorado. Quería decirte algo pero, ¡de nuevo no pude!, de nuevo la timidez me venció y no llegué a decirte una palabra. Ya dentro de la universidad me encontré con J y estuvimos esperándote mucho rato, hasta que por fin llegaste y los tres estuvimos conversando sobre el trabajo y otras cosas más, de paso me aclaraste de que quien creí que era tu enamorado era en realidad tu hermano.
Fue la primera vez que estuvimos los tres juntos.

La segunda vez fue algo más bonito y además, ya había conseguido acercarme más a ustedes y lograr una confianza mejor que la de antes. Planeamos ir al mall a pasear, y tú morías de ganas por conocerlo. Era muy tierno, ya que parecías una niña que quería ir al parque de diversiones. 
Me dijiste que fuera a tu casa, y que para guiarme, colocarías un sombrero colgado en tu ventana. El día acordado fuí con mi mamá a buscarte, buscábamos la casa y vimos un sombrero color melón colgado en una ventana; esa escena, por una extraña razón, me conmovió y me pareció muy tierno, al igual que tú.

Con J, los tres la pasábamos genial. En el bus hablábamos, reíamos, me sentía muy bien... tan bien que olvidaba lo que sucedía a mi alrededor, y fue tanta mi distracción que me bajé en el lugar incorrecto, y toda avergonzada, volví a subir al bus mientras ustedes reían alegremente y comentaban lo sucedido.
Ya en el mall, estaba con mi cámara y me preguntaste si me gustaba la fotografía, yo te dije que sí, y le tomé una foto a unas flores que estaban ahí. Viste la foto, y con un gesto de desaprobación me dijiste que esa foto no, que estaba mal. Tomaste prestada mi cámara y le tomaste una foto preciosa de cerca a una flor. Me gustó mucho y en ese momento quise que me enseñaras a tomar mejores fotografías.
Seguíamos conversando, habían en exhibición varias obras de arte, y tú las mirabas extasiada. En eso cuando quise tomarte una foto, te negaste rotundamente y dijiste que no te gustaba que te tomaran fotos, sólo te gustaba tomarlas, no ser parte de ellas.
Compraste tu primer helado y le tomaste una foto. Aún conservo esa foto; de hecho tengo casi todas las fotos de ese paseo y de los que vinieron después.
Te veías tan felíz con mi cámara tomando fotos a todo lo que veías, a los cuadros, al cielo, a los autos mojados por la lluvia, al suelo húmedo, a todo. Parecías una niña curiosa que descubría por primera vez todo lo que te rodeaba, que vivía y sentía cada momento, y eso admiraba de ti.

Eras una chica inocente y a la vez sabia. Veías la belleza de las cosas donde nadie más las veía, y eso me gustaba mucho de ti. Eras tierna y a la vez fría con las cosas que no te gustaban. Por ejemplo no tolerabas los insultos o malas palabras, odiabas a las personas arribistas, que se creían sólo por tener más que los demás, lo cliché, todo eso. Incluso lo comentabas en tu blog, uno que ya lo borraste, pero escribías cosas realistas y ciertas. Uno podría pensar que estabas en contra de todo, pero sólo dabas tus opiniones y mientras las leía, me daba cuenta de que por fin encontré a alguien que no se dejaba llevar por el resto, y además, eras alguien muy positiva.
Mientras una chica común y corriente paseaba por la ciudad con sus amigos, tú ibas tomando fotos al cielo, a las palomas, a las bouganvilleas. Eras única, realmente lo eras. Alguien sencilla y humilde, una gran artista y fotógrafa, una amiga a quien podía contarle todo.

Recuerdo también que lo que nos acercó más fueron nuestros gustos en común. En ese tiempo a mí me gustaba mucho el anime, la música japonesa, y al ver en el messenger publicaciones tuyas con canciones japonesas yo me emocioné mucho. Por fin había encontrado a alguien que le gustase lo mismo que a mí, y esa fue la razón por la que decidí desenvolverme más contigo.
Llevabas tus mangas a la u, y no te importaba si los demás comentaban algo. Esa era otra cosa que admiraba de ti, no te importaba lo que la gente dijera de ti. Eras tú y te desenvolvías a tu manera, sin tratar de encajar o ser una más del montón.

Nuestro tercer paseo jamás lo olvidaré. Para mí, es mi paseo favorito que hubo entre los tres y lo que nos consolidó como mejores amigos y hermanos.
Era con fines de trabajo, ya que debíamos hacer una revista con fotos de la ciudad, sin embargo fue como un paseo donde nos entretuvimos mucho. Fuimos a diversos lugares por el centro de la ciudad, mientras tu tomabas fotos con mi cámara y con J íbamos conversando y riendo. Visitamos la biblioteca, las galerías, la plaza, te tomaba fotos con las palomas mientras las alimentabas... todo era tan perfecto en aquel entonces, siempre los tres juntos, felices. Felices.
Después, cuando J se fue, nos quedamos solas paseando por las calles y visitando tiendas. Casi no hablábamos, pero sentía que nos entendíamos. Incluso cuando había silencio y no había un tema de conversación, ambas la pasábamos tranquilamente y bien, como si el silencio también fuera una forma de comunicarnos.
Ya finalizado el paseo, nos despedimos y te miraba a través de la ventana del bus mientras te dirigías a tu casa. Sentí una sensación agradable. El paseo había sido muy bonito con ustedes, contigo, y regresé a mi casa con una sonrisa en mi rostro.

Me da tristeza saber que días como esos ya no regresarán, o no serán los mismos. La pequeña jovencita inocente y enamorada de la vida que conocí antes, ahora sólo es un recuerdo.





Escondida

Creo que la mejor solución para estar tranquila es escribir. Me relaja bastante y a la vez puedo desahogar todo lo que tengo dentro de mí.
Será como un diario/bitácora donde relate mis experiencias y recuerdos, los cuales permanecerán en estos escritos para no irse.
Suelo recordar las cosas a detalle, cosas que fueron importantes en mi vida. Generalmente son hechos que me marcaron, y esos hechos tienen protagonistas.
Soy enemiga de los cambios, lamentablemente mucho ha cambiado en estos últimos meses, no siempre para bien. Es por eso que me aferro a los recuerdos, aquellos que me trajeron experiencias inolvidables que jamás olvidaré, y que guardaré por siempre en mi corazón.